El corazón lleva un reloj que se ajusta desde las raíces de su engranaje y se expande allí donde la esfera celeste sigue nueva anunciando a la tierra nuevos caminos, el rocío fresco y la suave brisa.

Nadie conduce mejor a casa que aquél que más ha meditado debajo del árbol que le cobija, sigue buscando sentido, atiende a los demás, se asombra de su propia risa, y sigue levantando el paso para una nueva tarea.

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